
Mi Cristo Roto
La historia comienza en una tienda de antigüedades en Sevilla donde el padre Ramón regatea el precio de un Cristo roto de madera. A la imagen le falta la cruz, media pierna, un brazo entero y el rostro. Aparentemente fue profanada durante la Guerra Civil española. Sin embargo, es una fina obra de arte que merece restaurarse. Ya en casa, el Padre Ramón se sorprende cuando el Cristo roto le prohíbe que lo restaure y es aquí donde empieza el diálogo que se desarrollará durante toda la obra: El Cristo roto no quiere ser restaurado, quiere que en su cara veamos los rostros de todos nuestros hermanos, los cristos rotos vivos y sufrientes. A lo largo de la obra se profundiza en esta gran parábola. Al Cristo roto le falta el brazo derecho y de la falta del brazo obtenemos otra gran lección: "De qué me sirve un brazo de madera? Se tú mi brazo derecho... !" Y vaya si es verdad! Estamos muy acostumbrados a ver la cruz, pero pocas veces recordamos lo que verdaderamente significa, El Cristo roto no tiene cruz y nos invita a que le entreguemos la nuestra para que Él nos ayude a cargarla. El cristo roto no tiene rostro. Con ello nos invita a enfrentarnos con nosotros mismos: ¿Vemos el rostro de Cristo en TODOS nuestros hermanos?
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